sábado, 20 de febrero de 2021

La Universidad como agencia de colocación

 Son recurrentes las noticias sobre la crítica hacia la Universidad como fábrica de desempleados. En contraposición, desde el estamento universitario se replica que la Universidad no es una agencia de empleo. A bote pronto, me parece una respuesta a la defensiva, evasiva  e impropia de quienes forman parte de una institución educativa (o al menos este creo que es uno de sus fines). Es un tema muy discutido en las redes, con la endogamia como telón de fondo, asunto que tiene muchas aristas. Mayoritariamente en nuestras universidades tenemos investigadores y docente muy trabajadores, aunque pienso que los perfiles son inadecuados y muy mejorables. No es tanto el debate de no elegir adecuadamente o que se queden los mejores, propósito que es poco realista y está idealizado. Pongamos por caso, la incompatibilidad de caracteres, perfiles ideológicos e incluso prioridades en la vida, a veces dan al traste con las aspiraciones de excelentes estudiantes, que acaban por alejarse del mundo universitario. Esto es, entre las variables en juego no sólo participa el expediente académico, y ya veremos si eres capaz de trabajar en equipo y a qué precio, el umbral de tolerancia al ordeno-mando, el someterte al imperio del catedrático de turno, compañeras insufribles, etc. Por tanto, el componente humano y social puede ser determinante frente al académico a la hora de ocupar puestos relevantes.

   Hay una parte de la Comunidad universitaria que silba con las manos en los bolsillos cuando se habla de la precariedad y el subempleo de los egresados, como si no fuera con ellos.  Sobre este particular hay voces que demandan propuestas sobre cuál debe ser la misión de la Universidad del siglo XXI. Sabemos que, generalmente, las titulaciones universitarias capacitan para el ejercicio de una profesión (no todas, vale), y esto no debe ser ajeno a quienes dentro de la Universidad consideran que no tienen la obligación de buscar trabajo a los postgraduados. Si me preparas para el ejercicio profesional, algo tendrá que ver el profesorado en el éxito de ocupación de sus titulados. He dicho algo que ver, que puede ser bastante. Sin embargo, nadie dice que les busques y encuentres trabajo a los titulados, cosa que es una verdad a medias, pues es vox populi que muchos de los que se dedican a la investigación son el paradigma de la endogamia, y muchos de los que están en consultoras y administraciones públicas han sido recomendados apasionadamente por responsables de departamentos y cátedras universitarias. 


Recreación de entrevista laboral donde ya tienen al candidato seleccionado de antemano

   Parece que no está bien aceptada la crítica sobre impartir titulaciones que no encuentran su sitio en la sociedad, aunque sea por razones no siempre imputables a la Universidad. A su vez, tampoco se admite el adecuar el número de facultades y/o titulaciones a las tasas de ocupación laboral, porque en este caso afectaría al empleo dentro de la propia Universidad. Es que ni siquiera se ofrece la mínima información  sociolaboral para que los alumnos sepan a que se exponen cuando se matriculan en una Facultad, y a qué se tienen que enfrentar en el futuro inmediato. Es una obligación moral aportar dicha información para que nadie se lleve a engaño. No se puede estar predicando con todo lo que prometen los estudios científico-tecnológicos, para luego acabar limpiando W.C. en Londres. Hay quien piensa que las familias de clase trabajadora están sosteniendo con sus ingresos e impuestos a titulaciones sin futuro laboral, a costa de que únicamente trabajen en lo propio, aquellos que han tenido la fortuna de ser apadrinados por los departamentos universitarios más influyentes. Recuerdo algún comentario de mala baba, sugiriendo que es peor tener desempleados incultos que aquellos que han pasado por la Universidad. En fin, argumentos de Pepe gotera y Otilio, en boca de autoridades públicas.


No pocos universitarios aceptan subemplearse

   En EE.UU. el tema del desempleo universitario llegó a Tribunales, por entender como fraude el ofertar plazas que luego no absorbe el mercado laboral, teniendo en cuenta que allí, el coste de los estudios es importante hasta el punto de hipotecarse por todo lo alto. En nuestro país el coste económico de los estudios no es tan extremo (según se mire el nivel adquisitivo), pero el tiempo, recursos  y esfuerzo son lo suficientemente importantes como para que las autoridades se impliquen en buscar soluciones. Desde luego, no debería hacerse la vista gorda a este panorama, y ya es hora de tener una actitud comprometida con nuestros estudiantes. 

miércoles, 20 de enero de 2021

Comunicación de riesgos químicos en la web

 Recuperamos una entrada para mostrar la actividad investigadora en sanidad ambiental, por medio del artículo titulado "Vigilancia de la publicidad de productos químicos para piscinas comercializados por internet" (descargar aquí), publicado en la revista española de comunicación en salud de la Universidad Carlos III de Madrid. El resumen es el siguiente:

La comunicación de los peligros asociados a los productos químicos es un aspecto fundamental para mejorar la confianza de los consumidores en el comercio electrónico. Objetivo: Examinar las indicaciones de peligro reglamentarias asociadas con productos químicos para piscinas puestos a disposición de terceros a través de su publicidad por internet. Metodología: Se seleccionaron aleatoriamente 40 productos químicos peligrosos (100% mezclas químicas) de piscinas comercializados en tiendas online a través de internet procedentes de 8 empresas con sede social en Andalucía. Resultados: Predominaron los productos sin indicaciones de peligro visibles junto a su publicidad (n=25). Las indicaciones de peligros en las etiquetas de los productos en la web resultaron ilegibles. Únicamente 3 productos mostraron los códigos y frases de peligro visibles en el sitio web. Conclusión: La protección de consumidores y usuarios de comercio electrónico en materia de seguridad química puede verse comprometida debido a la falta de información relevante sobre la peligrosidad de los productos comercializados a través de internet.



domingo, 20 de diciembre de 2020

¿Quiénes están obligados a colegiarse en el campo de la Biología?

  La respuesta desde los Colegios Profesionales es sencilla y directa: es una obligación legal para aquellos que ejercen la profesión de biólogo. Claro que, si seguimos preguntando por cuáles son las condiciones inequívocas para saber cuándo se ejerce una profesión, a qué están esperando los que tienen que explicarlo. La cuestión de fondo es jurídica, y no admite generalidades que induzcan a la confusión. Parece claro que quien tenga nombramiento como biólogo debe colegiarse, pero si no te han exigido específicamente la titulación de biología, no te atañe la colegiación, salvo que quieras hacerlo por interés personal. La cosa se complica dependiendo del nombramiento público que se ostenta, categoría laboral ocupada, y sobre todo, en ámbitos profesionales no regulados. Estos aspectos son los que no aclaran desde los Colegios Profesionales, que se empeñan en ser muy tibios y poco diáfanos, con tal de acaparar el mayor número de colegiados posible.  Como reza el anuncio, en estos asuntos, poca broma.  

Vaya por delante el respeto por quienes deciden colegiarse, sea cuales fueren sus razones. Sin embargo, no se debe instar a colegiarse a un técnico de laboratorio (nivel Formación Profesional) aunque tenga el grado de Biología, puesto que su nombramiento es de inferior cualificación profesional. En tales condiciones no está obligado a colegiarse, entre otras razones porque el técnico de F.P. de laboratorio no está habilitado para firmar como biólogo. Dicho de otro modo, si se ocupa una categoría laboral en la que no se exige estar en posesión del título universitario de Biología, es improcedente exigir estar colegiado como biólogo.  

Hay quien es capaz de venderte un saco de arena en el desierto

La confusión se amplifica cuando el campo de acción es multidisciplinar y el espacio laboral no pertenece a una titulación concreta. Esto es, cuando no existe reserva legal de actividad a favor de una titulación determinada. Pongamos por ejemplo, una bióloga que trabaja como técnico de prevención riesgos laborales (PRL), actividad profesional multidisciplinar a la que puede acceder cualquier graduado que posea el master oficial en PRL. No estamos ante el supuesto del ejercicio profesional libre de la Biología, al contrario, la PRL es  una actividad laboral que no está regulada como profesión, y por tanto, no está sujeta a colegiación, aunque tengas formación en Biología. Además no firmas un documento como Bióloga, sino como técnico superior de prevención. En el sector del medio ambiente, pasa algo similar. Al margen de la base académica más apropiada, cualquier titulado universitario puede ser auditor ambiental o de calidad, ningún grado tiene exclusividad para esa actividad profesional. Por tanto, no hay regulación de la actividad profesional de auditor en favor de determinadas profesiones: no disponemos de una Ley que establezca que para trabajar como auditor ambiental tienes que tener el grado de Biología. En definitiva, se requiere una disposición con rango de Ley para regular una profesión y posterior desarrollo reglamentario.  

Es muy comprensible que los Colegios Profesionales quieran reforzarse aunando al mayor número de colegiados entre sus filas. Pero los titulados deben saber cuál es el significado preciso de la colegiación y sus implicaciones. Y no es responsabilidad de quienes deciden no colegiarse el déficit histórico de plazas para biólogos en la Sanidad pública y demás Administraciones, o su exclusión permanente de convocatorias de puestos de trabajo para los que están sobradamente capacitados. Por eso mismo es muy fácil entender a quien decide no colegiarse para pleitear y arreglar con su dinero, el problema de los corporativismos excluyentes en las Administraciones. Es un contrasentido que la profesión de biólogo tenga que ganarse en los Tribunales de Justicia, ante los permanentes vetos de acceso a categorías de la Función Pública. Efectivamente, si el Colegio maneja más presupuesto podría pleitear más y mejor. Si atendemos al historial de victorias judiciales de los Biólogos podremos ver que son muy abundantes. Es una situación muy triste, pues no es normal que una profesión tenga que ganarse en Tribunales, pleito a pleito. Me parece surrealista tener que costearte de tu bolsillo lograr derechos profesionales que para otros son incuestionables. Por eso mismo, es un despropósito trasladar a los colegiados: ¡Si quieres derechos gánatelos en los tribunales! 

Ese desaguisado sólo se arregla desde las esferas del poder. Por lo tanto, no estoy diciendo que los responsables sean los Colegios profesionales por no hacer sus deberes.  Pienso que desde los órganos de representación de las Facultades se podría haber hecho más y mejor, en las últimas décadas. El problema tiene más que ver con los políticos, con la escasa liberalización de profesiones y con quienes deciden crear titulaciones, cada vez más fragmentadas, cuyo espacio en el mercado laboral es muy limitado (dedicaré una entrada a la Universidad como fábrica de parados, que esperemos que no se conviertan en los expulsados del sistema). Pensemos que la creación de un título universitario de grado conecta con el ejercicio de una profesión o actividad profesional, y no para la milonga de una formación integral de las personas en la sociedad (esta es otra cantinela para que no se cuestione su función social ante las escalofriantes cifras de desempleo). Son numerosos los escollos heredados, pero en ningún caso el mensaje debe ser: la cosa no va bien porque hay pocos colegiados. No es plan que encima te cubran con detritus.

Bióloga cruzando los dedos ante un futuro laboral incierto

A algún sector de la Comunidad universitaria se le atraganta asumir su parte de responsabilidad, defendiéndose al contragolpe con ocurrencias de que su labor no es buscar trabajo a los egresados. No aceptan que se les cuestione como titulación de escasa ocupación laboral, pues podría peligrar su razón de ser (menos Facultades, profesores, más dificultad presupuestaria...), optando por subsistir a costa del maltrecho presupuesto de las familias de la clase trabajadora, que matriculan a sus hijos esperanzados en un futuro decente. Ganarse un reconocimiento en la sociedad como profesión, obliga a la Comunidad Universitaria a no permanecer indolente y encerrada, por ej, en su actividad investigadora aislados del mundo laboral, en lugar de dar la cara por quienes habéis formado para un ejercicio profesional. No fallan los demás. O también vais a decir, que no es vuestro problema las elevadas tasas de biólogos desocupados. Echa el toldo, apaga y vámonos.


viernes, 20 de noviembre de 2020

Mascarillas y arbolitos

   Ambas protegen en ámbitos interdependientes: salud individual y salud ambiental. Viene a cuento de un reciente artículo donde una médica dice sin reparo "queremos centrarnos en la Atención Primaria, no en la burocracia, no en los arbolitos que puedan poner en un centro de salud". Con el diminutivo empleado en tono peyorativo, ya se atisba la falta de respeto hacia otros profesionales de Atención Primaria (en adelante AP) que no son de su cuerda. No es muy elegante aprovechar el momento actual con expresiones hirientes hacia la labor de otros profesionales de la salud pública. Es lamentable ese perfil desfasado de médico displicente con los problemas de la crisis climática, que también demanda "una vacuna". Seguimos perdiendo un tiempo preciado ante la situación en la que nos encontramos, afrontamos una emergencia ambiental, y no podemos seguir pensando que esto es una profecía (Leguina, dixit) o una corriente ideológica, viviendo como si no hubiese cambio climático. Que a estas alturas se esté desmintiendo a los estudios científicos no tiene desperdicio. Ya sabemos adonde nos han llevado los modelos economicistas que acaban por compensar daños, resultando rentable pagar por contaminar, mientras todo se va al garete.

Este arbolito también necesita cuidados

   Los que llevamos décadas trabajando en el Sistema Sanitario, conocemos como funcionan las cosas de puertas para adentro, y distan mucho de la imagen que se quiere trasladar al público. Es más, hemos sufrido la falta de colaboración de médicos para el desarrollo de nuestro trabajo en sanidad ambiental. Un ejemplo entre muchos: realizar encuestas epidemiológicas para la investigación de brotes de origen ambiental era también considerada la burocracia de aquél momento. En consecuencia la epidemióloga se quedaba sin poder investigar brotes como es debido, y dado que del resultado de esa investigación se orientaban las actuaciones de tipo ambiental (contaminación del agua, plagas de insectos, intoxicación química..)  o alimentario (alimentos contaminados), finalmente nuestro trabajo quedaba condicionado a la voluntad de que se cumplimentase, o no, la encuestas epidemiológicas a los pacientes. En fin, poca cooperación, en los tiempos en que había un único PC en todo el centro de salud y no había burocracia, sólo la de la receta de puño y letra tan añorada. 

   Compartimos que las tecnologías nos han esclavizado a todos, no sólo a los médicos, aunque sean ellos quienes más se quejan. Si a esto le añadimos los seguimientos de pacientes Covid19, lógicamente habrá una carga adicional. Ahora bien, catalogarlo como burocracia es una falacia, pues estamos ante una situación extraordinaria. Por ejemplo, el trámite de las bajas laborales ciertamente es mejorable, pero no para endosar a otros lo que es tuyo. Y si tienes que facilitar datos para que puedan investigarse los accidentes laborales, tienes que hacerlo. No se pueden dar las bajas a gogó. El colapso sanitario no debe ser el pretexto de los errores del sistema de la etapa precovid. Es cierto que la digitalización de la Sanidad deja poca libertad y te sientes atado de pies y manos, pero hay que saber mirar más allá y ver oportunidades en otros campos de acción. Hay que asimilar que los problemas ambientales es una tarea de todos, o no vamos a ninguna parte. Y para poder intervenir ante problemas de salud de origen ambiental, es acuciante incorporar el componente ambiental en la valoración de las enfermedades, en especial en Pediatría y Primaria, de forma que podamos aprovechar las estructuras asistenciales. Para ello es fundamental fortalecer los sistemas de información, tal que posibiliten identificar las enfermedades ambientalmente relacionadas. 


Burocracia en tiempos de Covid19


   No obstante, ya sabemos que hay un sector entre los médicos de familia para los que la pérdida de hábitats, el calentamiento global, vectores importados (ej. mosquito tigre), contaminantes emergentes (disruptores endocrinos), plagas nocivas... no va con ellos. Eso lo consideran burocracia. Vamos a ver, de qué me sirve estar sano si no cuido mi entorno y la vida de las demás especies. Cada uno tiene su escala de valores, y nadie nos tiene que dar a elegir entre salud individual y salud planetaria. Adoptar una visión contemplativa ante los problemas ambientales porque no son de tu competencia es de una impudicia que no quiero pensar que pudiera extrapolarse a los pacientes. Las competencias del médico no son exclusivamente clínicas. Nadie está pidiendo que el médico abandone sus funciones esenciales, pero dada su posición en el centro del sistema sanitario, viene obligado a participar en materias preventivas y de salud ambiental que nos afectan a todos.

   Existe un lamento generalizado de que la AP se está muriendo. Yo diría que la están liquidando, y cada uno tiene su parte alícuota de responsabilidad. En qué quedamos, no teníamos uno de los mejores sistemas sanitarios, calificado como la joya de la corona. Ahora sabemos que tan bueno no era. Preguntemos a qué se debe que el gasto farmacéutico siga imparable. Desde luego ese asunto no quieren introducirlo en el debate de la sostenibilidad de la AP.  En cualquier caso, sorprende que alguien que dice defender la Primaria, lo haga distanciándose de la perspectiva preventiva (salubrista), con argumentos tan simplistas como que el médico de familia está para el diagnóstico y tratamiento, y lo demás pasa a ser burocracia. Ahora ya sabemos de diferentes atenciones primarias, una la de los médicos prescriptores de medicamentos y otra la que se postulaba en la Conferencia de Alma-Ata, que sirvió de guía para desarrollar las potencialidades de la AP, donde los salubristas jugaron un papel muy importante en los logros alcanzados. 

    Usemos la socarronería para rememorar que en tiempos precovid los médicos de familia no erais SDH, aunque ya sabemos que entre bomberos no os pisáis la manguera.  Precisamente uno de los problemas enquistados tiene que ver con que las gerencias se piensan mucho la toma de decisiones para no quedar mal "entre compañeros". Recuerdo cuando no había valentía (ni decencia) para denunciar ilícitos vergonzantes (minutas por informes, cobro por radiografías, peonadas, derivaciones a tu consulta, intereses con las farmacéuticas, material sanitario de valvulina...). De aquellos polvos vienen estos lodos. Eso sí, luego se tiene la desvergüenza de decir que se está muriendo la AP. Y que no vengan con la cantinela de que esos son unos pocos. Son lo suficientemente abundantes, para arruinarlo todo.

martes, 20 de octubre de 2020

Biólogos sanitarios, ya!

 Con motivo del inminente reconocimiento profesional de la categoría de biólogo sanitario, surgen voces discrepantes (leer aquí y acá) con el procedimiento seguido (una triste disposición adicional) y el instrumento legal empleado (un máster oficial). Es cierto que a nadie le gusta que le reconozcan su condición profesional, con parches y disposiciones menores en las leyes. No queremos que nos igualen a la baja, al contrario, exigimos el mismo trato que las profesiones sanitarias tradicionales. Sin embargo, se plantean razones de oportunidad para ¿resolver? la condición sanitaria a los biólogos que no la poseen, tras décadas de absurda e injusta espera. Si después de tanto tiempo, nadie ha sido capaz de encontrar una solución formal al reconocimiento sanitario, ¿qué hacemos? Lo primero que habrá que plantearse es cuál es el problema que resuelve ese reconocimiento, y si sirve para algo que no sea aumentar la burocracia (y beneficiar a los que comen de ella).

Una bióloga se sorprende de su reconocimiento como sanitaria
tras 30 años trabajando en el sistema sanitario público

    En cuanto al instrumento empleado para reconocer al biólogo como sanitario, se ha propuesto la figura de un máster oficial profesionalizante. Esta vía es la que han utilizado los Psicólogos. Por tanto, es una solución legítima que busca completar el insuficiente número de créditos sanitarios en el itinerario curricular de aquellas titulaciones multidisciplinares que no han sido clasificadas como exclusivamente sanitarias. Ahora bien, la situación de psicólogos y biólogos es totalmente distinta. Hace 30 años que los biólogos acceden a cinco especialidades BIR sin necesidad de máster y son reconocidos como sanitarios en las mismas. Esto hay que saber interpretarlo en clave profesional, puesto que se obtiene la condición sanitaria en el ejercicio de una especialidad regladaEl problema se centra en quienes no tienen el BIR y ejercen como sanitarios. Por ejemplo, en laboratorios y centros sanitarios privados. En el caso de psicólogos, era fundamental obtener el máster para que sus consultas privadas fueran reconocidas como centros sanitarios y la consiguiente normalización de la cartera de servicios. No hay que confundir profesión y especialidad, como bien se referencia en la jurisprudencia del artículo del enlace previo. v.g. la profesión es la de médico y no la de traumatólogo. La profesión es la de biólogo y no la de inmunólogo. Y qué pasa con las especialidades no regladas como Investigación sanitaria, Genética, Salud pública, Sanidad ambiental, Higiene alimentaria, etc. A mi juicio, habrá que esperar a que las autoridades sanitarias y educativas determinen si se trata de especialidades propiamente sanitarias y cuáles son los requisitos de acceso para el ejercicio profesional: si un máster, un xIR, experiencia laboral, etc. En definitiva, que lo del máster en Biología sanitaria tendría que estar incardinado con las políticas educativas y sanitarias en el ámbito profesional, y eso es mucho pedir. 

    Indudablemente esta vía generará negocio en la oferta de másteres, ante lo que cabe preguntarse si las Administraciones sanitarias exigirán ese requisito de máster de biología sanitaria en sus RPT (Relaciones de Puestos de Trabajo). Ya se verá, tengo mis reservas por lo visto en mis 25 años de experiencia en la Sanidad Pública. Dicho esto, los estudios de máster no tienen que ser la única y exclusiva solución para el reconocimiento sanitario. En esto no podemos echarnos tierra por encima. No hay que hacer un borrón de los derechos adquiridos, sino que habría que delimitar nítidamente los efectos del máster en Biología sanitaria y armonizarlo con la situación preexistente. En el mercado académico hay máster igualmente sanitarios (Genética, Análisis clínicos, Salud pública....) que no sabremos si tendrán los mismos efectos que el de Biología sanitaria. Es decir, un máster en Biología sanitaria no suplirá a otro de Genética. Hay que ser muy claros al respecto. Sin obviar que deberían explicitarse los criterios de carga de créditos para que un titulado pueda ser considerado sanitario, pues seguramente nos encontraremos con graduados a los que le faltan unos pocos créditos para completar su formación sanitaria, y para otros un máster de 60 ECTS sea insuficiente. Por tanto, caben más opciones para el reconocimiento, como podrían ser la ampliación de estudios con asignaturas optativas, títulos de experto universitario e incluso cursos homologables por entidades autorizadas (colegios profesionales, sociedades científicas, fundaciones...) como forma de completar el número mínimo de créditos de una titulación para su ejercicio profesional sanitario. 

   Tampoco debemos olvidar a los biólogos que han sido la punta de lanza de acceso a la Sanidad pública (Técnicos de salud pública, Genetistas, Embriólogos, Investigadores...), a quienes no tendría sentido exigirles, a esta altura de la película, un máster como condición para reconocernos como sanitarios, cuando llevamos más de 25 años trabajando en especialidades profesionales. Dándose la paradoja de que durante un período de más de 30 años, inicialmente estábamos reconocidos como sanitarios con la Ley 14/1986 y dejamos de serlo cuando entró en vigor la Ley 44/2003 (LOPS)

   Como quiera que sea, el reconocimiento sanitario por el hecho de tener un máster NO soluciona la situación actual de los biólogos que trabajan en el Sistema Nacional de Salud. ¿Porqué digo esto? Pues porque para  reconocer la condición sanitaria hay que tener en cuenta la categoría profesional a la que pertenece el biólogo, que viene a colisionar con la regulación sui generis de la función pública. La Administración pública es la que debe determinar si las funciones de un biólogo en la categoría que ocupa, son sanitarias. Y aquí se complica la cosa. Muchos biólogos accedieron a especialidades que no están reguladas, y para que sus actividades profesionales puedan ser consideradas sanitarias, deben tener una regulación. Por ejemplo, Salud ambiental e Higiene alimentaria no tienen regulación profesional y no son objeto de reserva legal para ninguna titulación particular, por mucho que las Administraciones autonómicas amparen corporativismos impresentables (y en esto no miréis a catalanes y vascos, mirad al sur).  Afortunadamente eso no ocurre en la oferta de empleo del Ministerio de Sanidad (Escala técnica OO.AA.), donde para trabajar en Seguridad alimentaria no se limitan las titulaciones de acceso (ver aquí). No sabemos el número mínimo de créditos y contenidos específicos para su ejercicio profesional, qué titulaciones se consideran competentes, ámbitos laborales singulares, régimen laboral (estatutario o no), especialización reglada, etc. En definitiva, que lo del Máster en Biología sanitaria podría tener sus efectos para los que ejercen en centros privados que no están reconocidos como sanitarios, pero no a los de la Pública. 

   En síntesis, una cosa es lo que diga la LOPS y otra bien distinta es la regulación de categorías laborales de la función pública, hasta el punto que las competencias de una profesión sanitaria no tienen nada que ver con las actividades de la categoría laboral. V.g. el médico que ocupa categoría de función administrativa no se considera sanitario, porque sus funciones no lo son. El biólogo que ocupa plaza de técnico de salud pública no será considerado sanitario hasta que los poderes públicos determinen que para el ejercicio profesional en plazas de salud pública únicamente pueden ser ocupadas por quien tenga el reconocimiento como sanitario. Así pues, la travesía por el desierto no ha finalizado a través de un sistema regulatorio enrevesado, desfasado,  incoherente, inflexible,  arbitrario y todos los adjetivos que se nos ocurran. Además nos tendrían que explicar que los efectos profesionales del Máster no serán de forma automática, no vaya a ser que los potenciales alumnos se hagan falsas ilusiones (otra vez). 

Figuración del biólogo celebrando antes de tiempo su reconocimiento como sanitario

   Seguramente me olvido de otras situaciones profesionales, igualmente sangrantes, como el caso de los investigadores de opis, fundaciones y hospitales, el dumping laboral de los técnicos de laboratorio, y otros. Aquí entran en juego otros elementos más complejos. Nuestra posición es clara, tomando una idea básica desde la perspectiva holística: todo trabajador del sector sanitario debe ser considerado sanitario. ¿O no estamos en el mismo barco? 


domingo, 20 de septiembre de 2020

Mi profesión en mejor que la tuya

   Con las ganas de querer ayudar a superar la pandemia Covid19, están aflorando numerosas iniciativas de colectivos profesionales reivindicando su papel para ser tenidos en cuenta por los Gobiernos central y autonómicos en las diferentes comisiones técnicas y otros órganos de participación. Han surgido numerosas polémicas por este motivo, dando a entender que si no estás en esos foros, no existes, o se sienten tratados como actores de segundo nivel.  

   Las redes sociales se han convertido en una ciénaga para estos temas, en los que no me gusta entrar para ponerme al mismo nivel de quien intenta ofender y confundir. Sin embargo, para defender a los más desfavorecidos, hay veces que es mejor combatir los tópicos que tanto daño hacen a los profesionales, y al mismo tiempo dar a probar su propia medicina a quien la receta. Viene al caso de algunos ataques por algunos médicos jóvenes hacia la profesión de biólogo en forma de broma ácida, provocación, desprestigio académico e incluso como supremacismo profesional.  Por un lado se vulgariza la titulación universitaria de Biología en atención a su bajo nivel de nota de corte y consiguiente menor nivel académico. Este argumento hace pensar que procede de un público barbilampiño. Por otro, se etiquetaba a los biólogos de médicos frustrados sin suficiente expediente académico. En este caso, las críticas son de mayor mala baba, mostrando un escaso conocimiento de la realidad profesional. Es asombroso que, generación tras generación, siga persistiendo en el ideario universitario estas rivalidades tan estúpidas. 

Hay quien necesita probar su propia Medicina para saber que se siente

  Sobre lo primero, diremos que al menos en Málaga la nota de corte de Biología está en 10,775 (ver aquí), muy por encima de ingenierías y a escasos decimales de Enfermería, mientras que si hablamos de Bioquímica está en 12,916, la tercera más alta. Ciertamente ha habido épocas en las que se accedía sin nota de corte, pero por esa etapa sin numerus clausus también pasaron muchos de los médicos de la sanidad que ahora están para jubilarse. Lamentablemente los estudios de Biología se siguen encasillando en el imaginario popular dentro del naturalista y del docente, aunque realmente siempre ha tenido perfiles muy diversificados (A los clásicos biólogos de bota y de bata, hay que sumar los de alpargata, fiel reflejo de la precarización laboral, muchos de clase trabajadora, aunque algunos de la alta sociedad, otros de la nobleza e incluso hippies montados en el dólar, que nadie se deje engañar por los estereotipos). En realidad las disciplinas y especialidades de la Biología son múltiples. No puede decirse que sean asignaturas "marías" la Biología molecular, Bioquímica, Genética, Fisiología animal, Microbiología, Inmunología, Virología, etc. Sorprende la ignorancia que se tiene sobre el grado de Biología, que cuenta con magníficos estudiantes y excelentes profesores con un extraordinario curriculum científico internacional, que no imagina quien los crítica. Este reconocimiento es extensible a profesionales que trabajan en OPIs, empresa privada y organismos públicos. No tiene perdón obviar que ha sido un biólogo español responsable del descubrimiento de la técnica de edición genética CRISPR. Sólo por esto, deberían morderse la lengua y tener un mínimo respeto para no desacreditar los estudios de Biología. Son múltiples los ejemplos de biólogos presentes en puestos de responsabilidad en hospitales estadounidenses y centros punteros en I+D+i, pero quizás esta falta de visibilidad social que quieren acaparar otros, es lo que aprovechan unos pocos para desanimar a los más débiles. 

España cuenta con excelentes biólogos de reconocido prestigio internacional

  Recientemente, ha habido algunos biólogos representantes de colegios profesionales que han expresado a título individual, aunque aprovechando su cargo, opiniones en informes y manifiestos sobre las medidas de protección anti-Covid19, muy alejadas de lo que debe ser un análisis científico, incluso teniendo deslices muy propios de quien desconoce el ámbito de la investigación. Para entendernos, es como si hubiesen puesto al zorro al cuidado de las gallinas. Y hay que criticarlo, pues cuando representas a un colectivo, no son tus ideas las que lo hacen, sino el diálogo y el consenso. Con los datos en la mano, vemos que algo no estamos haciendo bien, pero esto no indica que se están tomando las medidas a la ligera. Si existe disparidad internacional de criterio en las medidas de protección frente al Covid19, eso no es suficiente para desacreditar las medidas adoptadas en nuestro país, y en todo caso, los argumentos deben tener una sólida base científica.  Sorprendentemente se atreven a dar recomendaciones sin contar con una mínima formación epidemiológica. Claro que hay quien considera oportuno recordar que los epidemiólogos no son expertos en medios de transmisión aérea (aquí y aquí).

  Sobre lo segundo, diremos que la elección de una carrera universitaria como Biología no se hace por aspirar a un prestigio social, sino más bien guiado por la diversidad de campos profesionales punteros que ofrece, o simplemente porque te atraen. Tampoco se estudia pensando en una retribución económica laboral como ocurre con los médicos (leer aquí), pese a que no pocos estudiantes nº1 eligen Biología y no Medicina (no todos valen para tratar enfermos). Y este es un gran valor de quien decide apostar por esta carrera, sin guiarse por lo económico o por la popularidad. Se pone mucho en juego  cuando sacrificas 4-5 años de tu juventud para luego buscarte un hueco en la sociedad. En ese camino es cuando encuentras a personajillos que intentan minarte la moral y establecer clases elitistas. Es justo decir que la inmensa mayoría de médicos defienden la Biología a ultranza. No en vano, la Biología es uno de los pilares científicos de la Medicina. Así lo he vivido y muchos de mis compañeros estudiaron Biología por recomendación de sus familiares médicos. A su vez, por mi trabajo en la Sanidad he tenido oportunidad de conocer compañeros médicos que siempre nos han respetado sin condiciones. Aunque no nos engañemos, papanatas hay por todas partes, y de eso no escapan los médicos. 

   Como biólogos, contamos con una formación científica de la que adolecen las carreras de ciencias de la salud, y se nota cuando conversas con ellos o cuando ves como presentan trabajos de investigación. Es habitual ver como confunden parámetro con variable, promedio con proporción, equiparan causalidad con correlación, y encima te lo discuten. Abunda la soberbia. Recuerdo que en un peer-review nos requerían para publicar un artículo que incorporásemos coeficientes de correlación estadística para dar rigor científico al trabajo. Respondí al revisor y al editor que eso era confundir el fin con los medios, introducir la correlación de variables como un propósito en sí mismo. Un trabajo no es más convincente por venir acompañado de un coeficiente r, un valor p y su IC. Finalmente,  lo publicaron sin esa ocurrencia del revisor. A mi juicio, resulta paradójico contar con profesionales de la Epidemiología de escasa formación bioestadística. 

   Quizás algunos añoren la época en que los médicos tenían un prestigio ganado a pulso (Ramón y Cajal, Severo Ochoa, Gregorio Marañón, Jiménez Díaz...), por querer ponerse al mismo nivel. Los tiempos han cambiado desde que los poderes decidieron medicalizar la Sanidad e introducir la gestión clínica, teniendo como resultado médicos-prescriptores que, en lugar de humanizar la asistencia sanitaria, la han mercantilizado. Quien no ha sentido al médico dirigiéndose al paciente como en un desfile de autoridades. Seamos honestos, profesionales extraordinarios se dan en todas las profesiones, y todos merecen el mismo respeto, que no deben confundirlo con rendir pleitesía.  Es más una cuestión  de la condición humana, y no tanto de la profesión. Así pues, hay que intentar rodearse de los buenos y sortear las chinas en el camino profesional.

 

jueves, 20 de agosto de 2020

Sobre el polémico sello de calidad "libre de Covid19"

   Siempre aparece algún espabilao, para decir que nadie puede asegurar que un contagiador no provoque un rebrote en el lugar que sea. Lo estamos viendo casi a diario. Pese a lo cual nunca pensé que la etiqueta "Covid free" diera para tanto análisis. En nuestro país el sello ha sido adoptado por el ICTE, y otros países han hecho lo propio, pero se ve que hay disparidad de opiniones según el sector. Buscando símiles al estilo de Forges, equivaldría a decir el absurdo de playas libres de resfriados. Pero eso es mezclar Churras y Merinas, es decir, banalizar el asunto de fondo, puesto que igualmente podríamos preguntarnos lo mismo con todos los distintivos de calidad que inundan comercios y establecimientos. Alguien piensa que un establecimiento certificado con un sello ambiental  garantiza que no provoca daños ambientales, o que no tiene huella ecológica. El quid de la cuestión está en regular bien su contenido, saber interpretarlo y conocer su alcance, esto es, primando el fondo en lugar de la forma. Lo que me parece de catetos, es analizar el sello sobre la base del sintagma que lo acompaña. Veamos

Ejemplo del polémico sello Covid free

   Sin ir más lejos, dedicamos una entrada sobre los sellos de calidad ambiental aportando enlaces a estudios científicos que señalan que su evidencia de beneficio es poco clara y no llevan asociados retornos económicos positivos (Click aquí). También dedicamos otro post (leer aquí) para interpretar lo que vienen en llamar "calidad sanitaria del agua", en especial, cuando nuestras autoridades se vienen arriba en los medios de comunicación al decir que nuestras playas tienen excelentes condiciones sanitarias y que son seguras para el baño, pues son términos que ampara la normativa. Sin embargo, son afirmaciones científicamente falsas y fácilmente refutables (Popper dixit). Bastará decir que todos somos conscientes que podemos enfermar en la playa, con una gastroenteritis, otitis, picaduras, infección respiratoria, etc (Leer más aquí). La legislación sanitaria europea y española únicamente obliga a analizar dos tipos de bacterias: E. coli y Enterococos, nada más. ¿Y con estos dos tipos bacterianos podemos hablar de excelencia sanitaria? En absoluto. En el agua de baño podemos estar expuestos a un amplio repertorio de agentes patógenos como SalmonellaPseudomonas, Protozoos (Criptosporidium y Giardia), Norovirus, Adenovirus y Colifagos, por no hablar de contaminantes químicos como microplásticos (ya presentes en órganos humanos y calificados por la OMS como la nueva pandemia silenciosa) y toxinas con efectos muy peligrosos. Pues bien, ninguno de estos parámetros son analizados para aseverar que las playas son seguras y que tienen unas fabulosas condiciones sanitarias. Quizás el vocablo libre de (-free) sea más contundente que el de Calidad, término éste que tiene entre sus peculiaridades ser un concepto sociológico muy elástico y no un criterio científico. Se aceptan mejor términos inespecíficos que te engañen por igual, pero que no sean explícitos. En román paladino, tomarnos por idiotas. Le pasa lo mismo a la noción Contaminación, que es de origen social y no científico, aunque tendemos a creer que es al revés. 

   Como creemos en la inteligencia colectiva y estamos convencidos de que el ciudadano no se deja engañar tan fácilmente y tiene suficiente pensamiento crítico, podemos llegar a la conclusión de que nadie está buscando inducir a la confusión ni un fraude al consumidor con un distintivo Covid free, ni que el cliente busca algún pretexto para desquitarse de las medidas de protección individual tras mirar una etiqueta. Al contrario, se pretende destacar las necesarias y costosas medidas adoptadas por los empresarios para recuperar la economía, pero también la salud de las personas, impidiendo relajar medidas de protección. Ciertamente hay otros calificativos más idóneos como Anti-Covid, aunque quizás sea más agresivo. También está el polémico "Responsible tourism" por obtenerse vía online sin demasiados controles. Lo curioso es que nadie se haya vuelto tan exigente con los múltiples sellos de calidad que inundan el mercado en orden a realizar el mismo análisis semántico a partir del sintagma que acompañe a la etiqueta. No son pocos los casos que recuerdan al timo de la estampita. Sin entrar en lo que ya están haciendo otros países turísticos competidores del nuestro, lo que no parece de recibo es que tras invertir cuantiosas partidas en protección colectiva, en protocolos de limpieza y desinfección, organización de lugares de trabajo, señalizaciones, contratas de personal... no quede constancia del esfuerzo realizado, tanto para que lo sepan la competencia, como quienes nos visitan y nuestros propios paisanos. 
Típica imagen que hace creer en un servicio excelente sin preguntarnos  certificado por quién y para qué


   Hay quien piensa que es mejor sustituir lo del "free" por el de "espacios seguros", como ya vemos en algunas grandes superficies, que viene a decir lo mismo: certificar espacios libres de covid19 pero sin una mención explícita a "libre de". Parecen más preocupados en que el mensaje no sea visto como fraude al consumidor. Pero en tal caso, cabe preguntarse lo mismo, ¿seguros de qué? Aunque seguridad y salud son dos conceptos diferentes, sus fronteras están muy entrelazadas. Sabemos que la vía principal de transmisión del virus Sars-CoV-2 es por el contacto persona-persona a través de las secreciones respiratorias, y que el contagio puede ocurrir en cualquier sitio donde se den unas condiciones determinadas, cumpliendo la regla de las 3C (Contact-Closed-Crowded, equivalente a Contactos estrechos en lugares Cerrados y Concurridos). Para ser justos, si afinamos en la literalidad de la expresión, estaríamos obligados a analizar la densidad del coronavirus, aunque sabemos que no hay regulación sobre su concentración admisible en un determinado medio. Indudablemente, si vamos de safari virológico a las playas, lo encontraremos. Cada temporada de baño se evidencia la contaminación fecal de nuestras playas, en unos niveles de riesgo tolerables para la salud pública, pero que sugieren que el coronavirus puede llegar al agua marina con facilidad.  No sé si en estado viable o inactivado por factores ambientales (salinidad, temperatura, dilución...), aún se desconoce su capacidad infectiva transmisible por el agua. En todo caso, encontrar el término exacto para un distintivo de calidad pasa por un equilibrio entre la carga semántica y el impacto del mensaje. Y precisamente con el sello Covid free no se busca controlar a supercontagiadores, sino dar garantías de que con las medidas preventivas que se aplican, se hacen bien las cosas en favor de la salud pública. No ricemos el rizo.



Será muy duro tomar el sol con mascarilla a 40ºC