viernes, 20 de noviembre de 2020
Mascarillas y arbolitos
martes, 20 de octubre de 2020
Biólogos sanitarios, ya!
Con motivo del inminente reconocimiento profesional de la categoría de biólogo sanitario, surgen voces discrepantes (leer aquí y acá) con el procedimiento seguido (una triste disposición adicional) y el instrumento legal empleado (un máster oficial). Es cierto que a nadie le gusta que le reconozcan su condición profesional, con parches y disposiciones menores en las leyes. No queremos que nos igualen a la baja, al contrario, exigimos el mismo trato que las profesiones sanitarias tradicionales. Sin embargo, se plantean razones de oportunidad para ¿resolver? la condición sanitaria a los biólogos que no la poseen, tras décadas de absurda e injusta espera. Si después de tanto tiempo, nadie ha sido capaz de encontrar una solución formal al reconocimiento sanitario, ¿qué hacemos? Lo primero que habrá que plantearse es cuál es el problema que resuelve ese reconocimiento, y si sirve para algo que no sea aumentar la burocracia (y beneficiar a los que comen de ella).
En cuanto al instrumento empleado para reconocer al biólogo como sanitario, se ha propuesto la figura de un máster oficial profesionalizante. Esta vía es la que han utilizado los Psicólogos. Por tanto, es una solución legítima que busca completar el insuficiente número de créditos sanitarios en el itinerario curricular de aquellas titulaciones multidisciplinares que no han sido clasificadas como exclusivamente sanitarias. Ahora bien, la situación de psicólogos y biólogos es totalmente distinta. Hace 30 años que los biólogos acceden a cinco especialidades BIR sin necesidad de máster y son reconocidos como sanitarios en las mismas. Esto hay que saber interpretarlo en clave profesional, puesto que se obtiene la condición sanitaria en el ejercicio de una especialidad reglada. El problema se centra en quienes no tienen el BIR y ejercen como sanitarios. Por ejemplo, en laboratorios y centros sanitarios privados. En el caso de psicólogos, era fundamental obtener el máster para que sus consultas privadas fueran reconocidas como centros sanitarios y la consiguiente normalización de la cartera de servicios. No hay que confundir profesión y especialidad, como bien se referencia en la jurisprudencia del artículo del enlace previo. v.g. la profesión es la de médico y no la de traumatólogo. La profesión es la de biólogo y no la de inmunólogo. Y qué pasa con las especialidades no regladas como Investigación sanitaria, Genética, Salud pública, Sanidad ambiental, Higiene alimentaria, etc. A mi juicio, habrá que esperar a que las autoridades sanitarias y educativas determinen si se trata de especialidades propiamente sanitarias y cuáles son los requisitos de acceso para el ejercicio profesional: si un máster, un xIR, experiencia laboral, etc. En definitiva, que lo del máster en Biología sanitaria tendría que estar incardinado con las políticas educativas y sanitarias en el ámbito profesional, y eso es mucho pedir.
Indudablemente esta vía generará negocio en la oferta de másteres, ante lo que cabe preguntarse si las Administraciones sanitarias exigirán ese requisito de máster de biología sanitaria en sus RPT (Relaciones de Puestos de Trabajo). Ya se verá, tengo mis reservas por lo visto en mis 25 años de experiencia en la Sanidad Pública. Dicho esto, los estudios de máster no tienen que ser la única y exclusiva solución para el reconocimiento sanitario. En esto no podemos echarnos tierra por encima. No hay que hacer un borrón de los derechos adquiridos, sino que habría que delimitar nítidamente los efectos del máster en Biología sanitaria y armonizarlo con la situación preexistente. En el mercado académico hay máster igualmente sanitarios (Genética, Análisis clínicos, Salud pública....) que no sabremos si tendrán los mismos efectos que el de Biología sanitaria. Es decir, un máster en Biología sanitaria no suplirá a otro de Genética. Hay que ser muy claros al respecto. Sin obviar que deberían explicitarse los criterios de carga de créditos para que un titulado pueda ser considerado sanitario, pues seguramente nos encontraremos con graduados a los que le faltan unos pocos créditos para completar su formación sanitaria, y para otros un máster de 60 ECTS sea insuficiente. Por tanto, caben más opciones para el reconocimiento, como podrían ser la ampliación de estudios con asignaturas optativas, títulos de experto universitario e incluso cursos homologables por entidades autorizadas (colegios profesionales, sociedades científicas, fundaciones...) como forma de completar el número mínimo de créditos de una titulación para su ejercicio profesional sanitario.
Tampoco debemos olvidar a los biólogos que han sido la punta de lanza de acceso a la Sanidad pública (Técnicos de salud pública, Genetistas, Embriólogos, Investigadores...), a quienes no tendría sentido exigirles, a esta altura de la película, un máster como condición para reconocernos como sanitarios, cuando llevamos más de 25 años trabajando en especialidades profesionales. Dándose la paradoja de que durante un período de más de 30 años, inicialmente estábamos reconocidos como sanitarios con la Ley 14/1986 y dejamos de serlo cuando entró en vigor la Ley 44/2003 (LOPS).
Como quiera que sea, el reconocimiento sanitario por el hecho de tener un máster NO soluciona la situación actual de los biólogos que trabajan en el Sistema Nacional de Salud. ¿Porqué digo esto? Pues porque para reconocer la condición sanitaria hay que tener en cuenta la categoría profesional a la que pertenece el biólogo, que viene a colisionar con la regulación sui generis de la función pública. La Administración pública es la que debe determinar si las funciones de un biólogo en la categoría que ocupa, son sanitarias. Y aquí se complica la cosa. Muchos biólogos accedieron a especialidades que no están reguladas, y para que sus actividades profesionales puedan ser consideradas sanitarias, deben tener una regulación. Por ejemplo, Salud ambiental e Higiene alimentaria no tienen regulación profesional y no son objeto de reserva legal para ninguna titulación particular, por mucho que las Administraciones autonómicas amparen corporativismos impresentables (y en esto no miréis a catalanes y vascos, mirad al sur). Afortunadamente eso no ocurre en la oferta de empleo del Ministerio de Sanidad (Escala técnica OO.AA.), donde para trabajar en Seguridad alimentaria no se limitan las titulaciones de acceso (ver aquí). No sabemos el número mínimo de créditos y contenidos específicos para su ejercicio profesional, qué titulaciones se consideran competentes, ámbitos laborales singulares, régimen laboral (estatutario o no), especialización reglada, etc. En definitiva, que lo del Máster en Biología sanitaria podría tener sus efectos para los que ejercen en centros privados que no están reconocidos como sanitarios, pero no a los de la Pública.
En síntesis, una cosa es lo que diga la LOPS y otra bien distinta es la regulación de categorías laborales de la función pública, hasta el punto que las competencias de una profesión sanitaria no tienen nada que ver con las actividades de la categoría laboral. V.g. el médico que ocupa categoría de función administrativa no se considera sanitario, porque sus funciones no lo son. El biólogo que ocupa plaza de técnico de salud pública no será considerado sanitario hasta que los poderes públicos determinen que para el ejercicio profesional en plazas de salud pública únicamente pueden ser ocupadas por quien tenga el reconocimiento como sanitario. Así pues, la travesía por el desierto no ha finalizado a través de un sistema regulatorio enrevesado, desfasado, incoherente, inflexible, arbitrario y todos los adjetivos que se nos ocurran. Además nos tendrían que explicar que los efectos profesionales del Máster no serán de forma automática, no vaya a ser que los potenciales alumnos se hagan falsas ilusiones (otra vez).
Seguramente me olvido de otras situaciones profesionales, igualmente sangrantes, como el caso de los investigadores de opis, fundaciones y hospitales, el dumping laboral de los técnicos de laboratorio, y otros. Aquí entran en juego otros elementos más complejos. Nuestra posición es clara, tomando una idea básica desde la perspectiva holística: todo trabajador del sector sanitario debe ser considerado sanitario. ¿O no estamos en el mismo barco?
domingo, 20 de septiembre de 2020
Mi profesión en mejor que la tuya
Con las ganas de querer ayudar a superar la pandemia Covid19, están aflorando numerosas iniciativas de colectivos profesionales reivindicando su papel para ser tenidos en cuenta por los Gobiernos central y autonómicos en las diferentes comisiones técnicas y otros órganos de participación. Han surgido numerosas polémicas por este motivo, dando a entender que si no estás en esos foros, no existes, o se sienten tratados como actores de segundo nivel.
Las redes sociales se han convertido en una ciénaga para estos temas, en los que no me gusta entrar para ponerme al mismo nivel de quien intenta ofender y confundir. Sin embargo, para defender a los más desfavorecidos, hay veces que es mejor combatir los tópicos que tanto daño hacen a los profesionales, y al mismo tiempo dar a probar su propia medicina a quien la receta. Viene al caso de algunos ataques por algunos médicos jóvenes hacia la profesión de biólogo en forma de broma ácida, provocación, desprestigio académico e incluso como supremacismo profesional. Por un lado se vulgariza la titulación universitaria de Biología en atención a su bajo nivel de nota de corte y consiguiente menor nivel académico. Este argumento hace pensar que procede de un público barbilampiño. Por otro, se etiquetaba a los biólogos de médicos frustrados sin suficiente expediente académico. En este caso, las críticas son de mayor mala baba, mostrando un escaso conocimiento de la realidad profesional. Es asombroso que, generación tras generación, siga persistiendo en el ideario universitario estas rivalidades tan estúpidas.
Sobre lo primero, diremos que al menos en Málaga la nota de corte de Biología está en 10,775 (ver aquí), muy por encima de ingenierías y a escasos decimales de Enfermería, mientras que si hablamos de Bioquímica está en 12,916, la tercera más alta. Ciertamente ha habido épocas en las que se accedía sin nota de corte, pero por esa etapa sin numerus clausus también pasaron muchos de los médicos de la sanidad que ahora están para jubilarse. Lamentablemente los estudios de Biología se siguen encasillando en el imaginario popular dentro del naturalista y del docente, aunque realmente siempre ha tenido perfiles muy diversificados (A los clásicos biólogos de bota y de bata, hay que sumar los de alpargata, fiel reflejo de la precarización laboral, muchos de clase trabajadora, aunque algunos de la alta sociedad, otros de la nobleza e incluso hippies montados en el dólar, que nadie se deje engañar por los estereotipos). En realidad las disciplinas y especialidades de la Biología son múltiples. No puede decirse que sean asignaturas "marías" la Biología molecular, Bioquímica, Genética, Fisiología animal, Microbiología, Inmunología, Virología, etc. Sorprende la ignorancia que se tiene sobre el grado de Biología, que cuenta con magníficos estudiantes y excelentes profesores con un extraordinario curriculum científico internacional, que no imagina quien los crítica. Este reconocimiento es extensible a profesionales que trabajan en OPIs, empresa privada y organismos públicos. No tiene perdón obviar que ha sido un biólogo español responsable del descubrimiento de la técnica de edición genética CRISPR. Sólo por esto, deberían morderse la lengua y tener un mínimo respeto para no desacreditar los estudios de Biología. Son múltiples los ejemplos de biólogos presentes en puestos de responsabilidad en hospitales estadounidenses y centros punteros en I+D+i, pero quizás esta falta de visibilidad social que quieren acaparar otros, es lo que aprovechan unos pocos para desanimar a los más débiles.
España cuenta con excelentes biólogos de reconocido prestigio internacional
Recientemente, ha habido algunos biólogos representantes de colegios profesionales que han expresado a título individual, aunque aprovechando su cargo, opiniones en informes y manifiestos sobre las medidas de protección anti-Covid19, muy alejadas de lo que debe ser un análisis científico, incluso teniendo deslices muy propios de quien desconoce el ámbito de la investigación. Para entendernos, es como si hubiesen puesto al zorro al cuidado de las gallinas. Y hay que criticarlo, pues cuando representas a un colectivo, no son tus ideas las que lo hacen, sino el diálogo y el consenso. Con los datos en la mano, vemos que algo no estamos haciendo bien, pero esto no indica que se están tomando las medidas a la ligera. Si existe disparidad internacional de criterio en las medidas de protección frente al Covid19, eso no es suficiente para desacreditar las medidas adoptadas en nuestro país, y en todo caso, los argumentos deben tener una sólida base científica. Sorprendentemente se atreven a dar recomendaciones sin contar con una mínima formación epidemiológica. Claro que hay quien considera oportuno recordar que los epidemiólogos no son expertos en medios de transmisión aérea (aquí y aquí).
Sobre lo segundo, diremos que la elección de una carrera universitaria como Biología no se hace por aspirar a un prestigio social, sino más bien guiado por la diversidad de campos profesionales punteros que ofrece, o simplemente porque te atraen. Tampoco se estudia pensando en una retribución económica laboral como ocurre con los médicos (leer aquí), pese a que no pocos estudiantes nº1 eligen Biología y no Medicina (no todos valen para tratar enfermos). Y este es un gran valor de quien decide apostar por esta carrera, sin guiarse por lo económico o por la popularidad. Se pone mucho en juego cuando sacrificas 4-5 años de tu juventud para luego buscarte un hueco en la sociedad. En ese camino es cuando encuentras a personajillos que intentan minarte la moral y establecer clases elitistas. Es justo decir que la inmensa mayoría de médicos defienden la Biología a ultranza. No en vano, la Biología es uno de los pilares científicos de la Medicina. Así lo he vivido y muchos de mis compañeros estudiaron Biología por recomendación de sus familiares médicos. A su vez, por mi trabajo en la Sanidad he tenido oportunidad de conocer compañeros médicos que siempre nos han respetado sin condiciones. Aunque no nos engañemos, papanatas hay por todas partes, y de eso no escapan los médicos.
Como biólogos, contamos con una formación científica de la que adolecen las carreras de ciencias de la salud, y se nota cuando conversas con ellos o cuando ves como presentan trabajos de investigación. Es habitual ver como confunden parámetro con variable, promedio con proporción, equiparan causalidad con correlación, y encima te lo discuten. Abunda la soberbia. Recuerdo que en un peer-review nos requerían para publicar un artículo que incorporásemos coeficientes de correlación estadística para dar rigor científico al trabajo. Respondí al revisor y al editor que eso era confundir el fin con los medios, introducir la correlación de variables como un propósito en sí mismo. Un trabajo no es más convincente por venir acompañado de un coeficiente r, un valor p y su IC. Finalmente, lo publicaron sin esa ocurrencia del revisor. A mi juicio, resulta paradójico contar con profesionales de la Epidemiología de escasa formación bioestadística.
Quizás algunos añoren la época en que los médicos tenían un prestigio ganado a pulso (Ramón y Cajal, Severo Ochoa, Gregorio Marañón, Jiménez Díaz...), por querer ponerse al mismo nivel. Los tiempos han cambiado desde que los poderes decidieron medicalizar la Sanidad e introducir la gestión clínica, teniendo como resultado médicos-prescriptores que, en lugar de humanizar la asistencia sanitaria, la han mercantilizado. Quien no ha sentido al médico dirigiéndose al paciente como en un desfile de autoridades. Seamos honestos, profesionales extraordinarios se dan en todas las profesiones, y todos merecen el mismo respeto, que no deben confundirlo con rendir pleitesía. Es más una cuestión de la condición humana, y no tanto de la profesión. Así pues, hay que intentar rodearse de los buenos y sortear las chinas en el camino profesional.
jueves, 20 de agosto de 2020
Sobre el polémico sello de calidad "libre de Covid19"
lunes, 20 de julio de 2020
Dónde estabas Salud Pública, cuando tanto te necesité
Reconozco que lo de aplicar criterios epidemiológicos para la toma de decisiones en su debido momento me ha llevado al desengaño. Sabemos que el confinamiento no puede ser eterno, pero en las fases iniciales del brote primaron los criterios político-económicos frente a los sanitarios, cuando debió ser al revés o bien en un equilibrio razonable. En muchos aspectos se ha echado el cerrojazo a la transparencia, tambaleándose el derecho a una información veraz. Prefiero no meterme en el charco del misteriosamente desaparecido Informe Simón (et al.) del 10 de febrero. Aunque para aparentar una gestión rigurosa, las autoridades tardaron poco en decir que sus decisiones se sustentan en la evidencia científica, una expresión usada como muletilla legitimadora, cuando apenas sabemos nada del Covid19 (bueno, algo sí: no es una gripecilla) y sin explicitar en qué consiste esa evidencia y los avales técnicos (en post anteriores ya denunciamos la manipulación política del término). ¿Las conexiones aéreas con Italia no eran suficiente criterio para anticiparse? Es cómo si no tuviéramos capacidad para reaccionar, quedando a remolque de los acontecimientos. Parece que todo se mueve del revés: lentos en la escalada y rápidos en la desescalada. Aunque para mí lo preocupante fue ver al Gobierno contemplativo y dubitativo. La improvisación ante la incertidumbre también tiene límites. Un aspecto sorprendente es la validación de datos para el recuento de casos (no cesan los asteriscos cada vez que se publican), los cambios en la definición de caso, y recientemente la modificación de las series temporales. La información científico-técnica manejada en la crisis ha sido de dudosa credibilidad, tanto por la imprecisión, sus continuos bandazos y el desconocimiento de las fuentes. Los investigadores están que trinan con los continuos cambios de criterio y la falta de difusión de los datos en bruto. Con lo que estamos viendo, pienso en cómo se han podido cocinar los papers de salud pública, por mucho peer-review al que se hayan sujetado. También le dedicamos una entrada a los entresijos de intereses de las publicaciones científicas.
Hace aproximadamente 30 años empezamos a trabajar en programas de salud pública en Atención Primaria, y mi experiencia al principio fue muy positiva (no sé si mi ilusión ocultaba la realidad) viendo como los compañeros se involucraban, no todos, porque en la viña del Señor hay de todo. Poco a poco empezaron a surgir voces críticas sobre el mal ambiente en las direcciones de los centros, malestar que iban haciendo mella en el día a día, las presiones políticas estaban a la orden del día, pasando de ser una gran hermandad a una familia mal avenida y muy desconfiada. Notamos que al introducir los contratos-programa, empezaron a primar lo asistencial y medicalizar la Sanidad, a la par marginando a los profesionales de salud pública que pasaron a depender de facto de las Delegaciones de Salud, órganos administrativos de carácter político, que no tienen entre sus funciones la prestación de servicios sanitarios, pues éstos tienen unas reglas comunes distintas a las de Función pública. El trato personal y profesional era muy desigual, impregnado de prejuicios, intereses personales e impropio de un servicio público. Esto se comentaba tanto en consejos de dirección como entre profesionales off the record. Tienen razón quienes dicen que en las grandes y medianas empresas privadas hay una mejor organización y se comparten objetivos, sin que ello signifique que la profesionalidad sea mejor o peor en un ámbito u otro. Aun así, me quedo con muchos de los logros que se hicieron con gran esfuerzo colectivo, sin medios y a contra-corriente. Todo ello intentando conservar la memoria para tener perspectiva. Ahora toca salir de esta lo mejor que podamos y seamos capaces.
sábado, 20 de junio de 2020
Piscinas en tiempos de pandemia Covid19
miércoles, 20 de mayo de 2020
Desescalando: Desencuentros en la tercera fase
Los pronósticos














