lunes, 30 de abril de 2018

Que viene, que viene...pss pss

   Y os preguntareis, qué es lo que llega. Pues la evaluación del desempeño profesional (EDP, por sus siglas) en la sanidad andaluza. Claro que si hacemos un juego de palabras, reemplazando el Desempeño por "Evaluación Dickensiana Profesional", todos comprenderéis perfectamente a que me refiero cuando evocamos a las novelas de Charles Dickens aplicada a las relaciones laborales, en particular la de Oliver Twist. Tanto por lo dramático como por la crueldad de cada personaje. Simplificando, se trata del examen que determina el complemento económico anual de rendimiento profesional de cada empleado público. 

Figuración de la evaluación del complemento salarial por rendimiento en el trabajo
(Nótese como tiemblan las manos con el cazo sostenido por Oliver - Mark Lester)

   En un post anterior, dejamos claro que lo habitual es confundir el rendimiento en el trabajo con el cumplimiento de objetivos. Me sorprende la escenificación (teatrillo, coloquialmente hablando) que se monta alrededor de este perverso sistema de valoración. Si quieren que tengas una retribución a la baja, el sistema permite imponerte condiciones draconianas, dejando indefenso al profesional. Al igual que en las fechas navideñas, en las vísperas de la EDP los empleados también muestran comportamientos extraños. ¿Más compañerismo, amabilidad o empatía? Nada de eso, estamos en el planeta tierra y aquí las cosas funcionan así: las hay (en femenino) que empiezan a resoplar y a sufrir ardores de toda la carga laboral que tienen, y de paso, despotricar corrosivamente de los demás. Los hay (en masculino) que les encanta la genuflexión y el postureo, pasearse a ritmo legionario para que les vean más y bloquear la impresora, imprimiendo documentación que no han tenido tiempo en hacerlo el resto del año. Lo que siempre se repite y nunca falla es cuando los directivos se encargan de mandarte en fechas selectas a un botarate obediente y bien instruido para meter cizaña (faltarte el respeto interrumpiendo tu trabajo, con los modales de la cabra de la Legión...), con tal de que estalles. A veces, incluso en connivencia con los delegados de tu propio sindicato (siempre hay algo que negociar a cambio). Y si quieren abrirte expediente, mandan a un usuario camuflado de su partido, que te insulta, grita, intimida... y si intentas impedir que mancillen tu honor, repeliendo sus agresiones, ya tienen lo que querían. El agredido pasa a ser el agresor. No es broma, nadie espera que esto ocurra en empresas y organizaciones que buscan la excelencia y la innovación, pero lamentablemente son los mecanismos de control que utilizan los de arriba. Unas veces para bajarte la nómina, otras para cambiarte de destino, para que enseñes a los gorrones (a las reinas del corta-y-pega), o para relegarte a funciones anodinas donde no incomodes, y otras, a un popurri de todo eso. Off the record: he conocido a sargentos chusqueros con más humanidad que lo que veo en la Administración sanitaria. 

Qué fácil resulta amañar noticias y pringar a los demás

    Hace poco leí que una directiva de Hacienda se quedó casi sola en la comida de Navidad, y presa de la furia, insultó por correo electrónico a los empleados con un "que os den" (4000 destinatarios del email, ahí es nada). Obviamente no se refería a que les dieran mejores condiciones laborales, ni aclaró el ¿por dónde?. En esas comidas impostadas, de gusanito (la conga) y sonrisas de cartón-piedra, buscan aparentar lo que no consiguen como verdaderos lideres, en ese caso, "lideresa".
   En un artículo que publicamos en la revista de medicina general (ver aquí), señalábamos como prefieren elegir a un capataz para el cargo (jefe-subordinados) frente al liderazgo natural (líder-seguidores) con tal de mantener el(su) sistema. Aún así, no alcanzo a entender porqué no respetan las libertades individuales. Pensaba que eso estaba superado. Yo no voy al trabajo a hacer amigos, voy a trabajar. Y a mis amigos los elijo yo, y la empresa no me tiene que sugerir con quien me tengo que ir a tomar un café, por mucho que quiera hacernos insufrible la compañía en el lugar de trabajo. No respetan la vida privada, decidiendo cuando y quién te debe dar un apoyo que no has pedido y rechazas. Es verdad que la "gestión directiva" se alimenta frecuentemente de las comidillas de los empleados (sobre todo de las miserias ajenas). A ver por donde te pueden hincar el diente. Y somos conscientes de que hay personas con dificultades afectivas, carencias emocionales, domésticas, etc, que buscan una solución en su trabajo, inmiscuyendo a los demás con sus problemas. Todo muy comprensible en la esfera de lo privado, pero en el plano laboral hay que respetar a los que no deseamos formar parte de ese sainete y queremos ambientes mínimamente profesionales. Al final, se trata de sobrevivir en esta jungla. 

jueves, 1 de marzo de 2018

Externalización (outsourcing) de servicios públicos

    Consiste en buscar una colaboración (partnership) público-privada que ayude a prestar mejor un servicio público, si bien la Administración pública sigue controlando la actividad. Desde el punto de vista técnico, no se trata de privatizar ni ceder el interés público a empresas externas, pues la Administración sigue siendo el titular de los servicios. De esta manera se tiene la puerta abierta al rescate de las empresas en quiebra, eufemísticamente conocido como "renegociación al alza" y en caso extremo, privatizarla a un módico precio. No pueden ser objeto de externalización las funciones o servicios que impliquen la participación directa o indirecta en el ejercicio de potestades públicas o en la salvaguarda de los intereses generales. Es lo que los técnicos llaman el "Core" (núcleo fundamental), y en la práctica están poco claras cuáles son sus fronteras.
   Ahora bien, no queremos perdernos en debates ideológicos, el de la corrupción ni tampoco en disertaciones conceptuales para lo que no nos sentimos capacitados. En cambio, nos interesa saber cuál es la realidad, mediante información transparente que nos oriente sobre si se están gestionando acertadamente los servicios externalizados y a qué coste social y económico para las arcas públicas. 
    Teorizar sobre modelos de gestión no es muy convincente a la vista de los brutales recortes habidos en Sanidad y Educación. Así que vayamos a lo terrenal ¿Qué les pasa a los derechos (al cargo, a la carrera profesional...) de los funcionarios que desempeñaban las actividades ahora externalizadas? ¿se crea más precariedad en el empleo? ¿Es la externalización una fuente de financiación indirecta de los partidos políticos? ¿Fomenta el clientelismo y las puertas giratorias? ¿Se externaliza una necesidad o bien se genera la necesidad sin justificación objetiva? ¿Se sacrifica la calidad del servicio por una externalización baratita? ¿Cómo y quién controla los servicios externalizados que pagamos todos? ¿o se controlan poco y mal? ¿alguna vez se renegocia el coste de los servicios a la baja? Seguro que hay algún listillo que responde: no tiene porqué. Eso vale para el mundo mágico de yupi. 
    Se han producido numerosas denuncias de los agentes sociales, defensor del pueblo, colectivos ciudadanos, asociaciones profesionales, etc, indicativas -al menos- de un malestar en la prestación externalizada de los servicios en muchos casos. Se despotrica al modelo funcionarial y alternativamente la ilegalidad aflora a través de la externalización de servicios, y no por casualidad. En un artículo de opinión revelamos como la atención al paciente, paso a renombrarse como atención al ciudadano (de derechos y obligaciones) y en su versión más neoliberal como "atención al cliente" dentro de los servicios públicos. Las nomenclaturas no son ingenuas, las carga el diablo.
    También se producen irregularidades con las subcontratas (distinto a externalizar). Un caso verídico fue el de la contrata de una empresa de control de plagas para desinsectar un centro de salud debido a la presencia de una cucaracha muerta. Habéis leído bien, sólo una cucaracha elevada a categoría de plaga, fue suficiente para malgastar alegremente un importante cuantía económica. Daba igual que el origen del problema estuviera en el exterior del centro, puesto que ya estaba decidido contratar a una empresa, no a cualquiera, sino a esa. Pero además contaban con un cómplice, el que por sí sólo "descubrió" la cucaracha, colocada estratégicamente en el despacho de salud pública, para que tuviera más razón de ser la subcontrata. No consultaban a los profesionales (el centro cuenta con expertos cualificados) sobre la necesidad de hacer esa intervención. No era oportuno ni conveniente, pero cómo la predeterminación era gastarse el dinero en sus amigotes, pues nada que hacer. O sea, que si alguien lleva un insecto, el que sea, a un centro público, tiene asegurada una campaña anual de trabajos de desinsectación debido a la irresponsabilidad de algunos contratantes, y con cargo al erario público. Pongamos por caso que en tu centro de trabajo, tu gerente decide cargarse los nidos de vencejos (especies protegidas) construidos en las cornisas, a espaldas de los biólogos que trabajan en el centro. No sólo dejan en mal lugar a los biólogos, que ni siquiera se digna a consultarles, sino que intenta aparentar que la operación tiene la conformidad de ellos, pues de lo contrario, denunciarían los trabajos (si es que los descubren a tiempo) ante el jefe que los promueve. No hablamos de un problema de ignorancia (pues deliberadamente se obvia a sus propios profesionales), ni de sensibilidad con los animales; a mi juicio, es autoritarismo, desprecio profesional, y lo siguiente. El modus operandi se repite, pues nadie les controla.
La cucaracha ya no puede caminar, utilizada para subcontratas públicas

   Volviendo al inicio, nada debe extrañar que los funcionarios dejemos el trabajo (bien)hecho o muy allanado, para que luego lo asuma la empresa externa sin incorporar mejoras y limitándose a mimetizar lo que se hacía, ahora a un coste muy superior. Otras veces se margina a los propios funcionarios (servidores públicos), confiando la prestación del servicio a una empresa de inferior cualificación que busca legítimos beneficios (con  costes para otros). Uno de los litigios judiciales más conocidos fue el debido a determinadas concesionarias contratadas por la Administración que mantenían a su personal desempeñando los mismos trabajos que los empleados públicos, compartiendo el mismo espacio y los mismos recursos (oficinas, teléfonos, impresoras, mails...), donde era difícil diferenciar entre funcionarios y trabajadores de la empresa contratista. Pese a ello, se sigue incumpliendo el deber de evitar la confusión de funciones y actividades entre ambos grupos de trabajadores, y además, se sigue sin diferenciar los espacios de trabajo respecto a los empleados públicos. Ejemplo1: trabajadores de la Fundación Progreso y Salud dedicados a tareas de prevención del tabaquismo comparten recursos y dependencias con personal estatutario del Servicio Andaluz de Salud. Ejemplo2: trabajadores autónomos haciendo labor de funcionarios (la Administración se ahorra las cuotas de la SS). No es ilegal contratar autónomos en la Administración, pero no deben emplearse como cualquier funcionario. Ejemplo3: cesión ilegal de trabajadores para necesidades permanentes, a la postre declarada contrataciones en fraude de Ley.
   No es un fenómeno de resistencia al cambio (por muy humano y comprensible que sea) sino que los funcionarios acaban siendo marginados, descolocados e improvisando sus actividades. Sin información previa ni planificación ni gestión del cambio. Entendemos que cuando un laboratorio público no tiene medios tecnológicos para practicar determinadas pruebas (PCR, por ej.), se acuda a servicios externos. Lógico. Pero no hay que confundir la necesidad de especialización para casos concretos con generalizar externalizaciones aplicadas a todo lo que se menea (Análisis de muestras de orina enviadas de Málaga a Barcelona). Servicios informáticos, distribución con vehículos de celadores, mantenimiento de instalaciones, laboratorios (eliminación de cribados básicos en Primaria), call centers, etc.  Unas veces va bien, y en muchas otras no tanto.  En cualquier caso, parece no haber mesura ni límites. Si habéis tenido que pasar por un hospital, o simplemente como usuario de la Sanidad, sabréis a que me refiero. Cuando le toca a uno, se entiende mejor. Se empezó con la lavandería del hospital, luego los celadores-conductores y llegarán a externalizarse los propios equipos de gestión de los centros sanitarios. Si todo es externalizable, cuando nos demos cuenta, todo serán empresas y políticos, no habremos privatizado nada, pero eso sí, todo estará desmantelado. Recuerda al poema de Martin Niemöller, atribuido erróneamente a Bertolt Brecht:

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio,
porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos, no pronuncié palabra,
porque yo no era judío,
Cuando finalmente vinieron a buscarme a mi,
no había nadie más que pudiera protestar.” 



jueves, 1 de febrero de 2018

¿Cuando toca liberalizar las profesiones sanitarias?

Los Consejos Generales de Profesiones Sanitarias (Medicina, Farmacia y Enfermería) de nuestro país, plantean que los requisitos que se exigen en el ámbito sanitario para el acceso a determinadas profesiones no puedan interpretarse como restricciones al ejercicio profesional, sino como medidas de protección para los pacientes, destinatarios de los actos profesionales. Las profesiones tradicionales citadas tiemblan ante el conocido "test de proporcionalidad" que, tarde o temprano, se aplicará en la Unión Europea.  Básicamente, la UE pretende que no haya discriminación injustificada entre profesionales de los diferentes países miembros, debido a condiciones de acceso leoninas impuestas por algunos territorios en un exceso de celo, o bien, de recelo. Aquí no estamos diciendo que se vaya a ejercer la Medicina sin el correspondiente título homologado, No. Para la UE, una regulación excesiva de las profesiones, incluyendo las sanitarias, puede tener “efectos negativos y a varios niveles en la economía”, con un impacto sustancial en la competitividad, la libre circulación de profesionales  y un incremento de las cargas burocráticas (ver aquí). Lo que no parece razonable es que, por ej, un médico que ejerce su profesión en su país, tenga problemas para ejercerla en otro país europeo. Los servicios profesionales de dudosa calidad acaba por expulsarlos el propio mercado.

 Los servicios sanitarios españoles aún tienen altas barreras de entrada. Tales servicios comprenden diversas actividades profesionales multidisciplinares que pueden ser ejercidas por titulados no médicos, pero se les impide su regulación y pleno acceso, estando formados y capacitados para ello.   A profesionales como biólogos y químicos, se les imposibilita regular su ejercicio profesional en Genética, Reproducción asistida, Salud pública, Nutrición, Farmacología e Investigación sanitaria. Entre los casos tan clamorosos como frustantes, los biólogos llevamos más de 30 años de ejercicio profesional en Genética clínica, Reproducción humana y Salud pública, habiendo sido pioneros en la implantación de estas Unidades en el sistema sanitario público. Y mientras que en la UE están reguladas muchas de estas especialidades, en España, No. ¿Es que los gobernantes PP-PSOE no han tenido tiempo en 30 años para regularlas?  Las graves consecuencias de estas barreras de acceso para los biólogos, y su devastador efecto dominó, son múltiples: menor retribución que los demás especialistas, carrera profesional vetada, limitación a la movilidad laboral, exclusión del registro de profesionales sanitarios, invisibilidad y falta de reconocimiento profesional, especialidad sanitaria no regulada (sin BIR), etc. Así que a nosotros, los biólogos, que no nos cuenten milongas.

Algunos intentan vendernos su elixir profesional

Además, en la UE existen titulaciones académicas sanitarias que no tienen su equivalente en España, y que no pueden obtener un reconocimiento profesional en nuestro país, porque encima hay que pasar por el embudo de la ordenación de las titulaciones tradicionales (LOPS), cuyos colectivos se aferran a su estatus preconstitucional, cuidando que nadie les coma su parte del pastel (presupuestario, dotación de plazas, competencia, reputación profesional...). Lo dejaron "todo atado, y muy bien atado", de tal forma que desde esa gloriosa etapa predemocrática, nadie ha podido franquear el muro profesional que las titulaciones sanitarias clásicas diseñaron a su medida en la Sanidad pública. Ni os cuento el calvario que pasaron los Psicólogos clínicos para llegar hasta donde están. O la odisea para localizar en el sistema público a Podólogos, Logopedas, Ópticos, Dietistas, Biólogos, Bioquímicos...  Y ahora con Europa, se les está aflojando el elastiquillo de los calzones y las bragas. A los Farmacéuticos les produce zozobra que se puedan vender medicamentos "sin receta" fuera de la botica. En la reforma italiana, eso mismo ha servido para crear múltiples empleos a jóvenes farmacéuticos que ni en sus mejores sueños veían posible ejercer su profesión sin la titularidad de una oficina de Farmacia (Leer informe Bersani). En España, como no puede ser de otra manera, somos imbatibles y no hay que cambiar nada. La profesión enfermera desconfía de que los titulados legalmente establecidos en otros países miembros (incluso extracomunitarios), puedan desfavorecer a su profesión. Recordemos que los estudiantes de Enfermería en Francia no está incluidos en el sistema universitario. En Alemania la formación se realiza a través de escuelas no universitarias. Y por ello ¿en esos países hacen peor su trabajo? Para nada. Es cierto que a nadie le gusta que le igualen a la baja. Aunque como contrapunto otros podrían alegar que hay sobrecualificación (grado+EIR) cuyos sobrecostes son insostenibles e innecesarios para las funciones efectivamente desempeñadas. Pero ese es otro debate.

   En las alegaciones que hacen esos colectivos sanitarios,  ahora en el punto de mira, apelan a que los países deben disponer de cierto margen de maniobra para garantizar sus políticas de salud y el grado de protección de la salud pública que quieran establecer en sus territorios. Ya han conseguido de la Comisión Europea del Mercado Interior (IMCO) que se les reconozca su naturaleza especial y su régimen diferenciado, pero ¡cuidado! sin excluir a las profesiones sanitarias del test. Las negociaciones continúan. Para ellos, liberalizar profesiones sería sinónimo de falta de garantías, desprotección de los pacientes y despojar a los países de su competencia para regular las profesiones. Y por el mar corre la liebre, y por el monte la sardina, tralará....

Reformas europeas provocan en ciertas profesiones una bajada de pantalones

El test de proporcionalidad es una herramienta para armonizar la forma en que se justifica la regulación en los diferentes países, ya que no es aceptable el escenario actual de mantener las condiciones de regulación de numerosas profesiones por una cierta tradición o sin la debida argumentación, bloqueando a otras (Más aquí). Se seguirá una metodología común a escala europea para evaluar la necesidad y la proporcionalidad de las reglamentaciones nacionales en las profesiones. Y lo que se pretende es mejorar el acceso a una profesión regulada y su ejercicio, garantizando a la vez, una mayor posibilidad de elección para los consumidores (ampliar aquí). Si comparamos otros sectores muy regulados en España, veremos que ninguna Ingeniería está considerada como profesión regulada en Francia, pese a que en el país vecino existe un alto nivel de regulación de los servicios profesionales. ¿A qué a nadie se le ocurre pensar que los ingenieros franceses son peores que los españoles?. Pues para las profesiones sanitarias, pasa algo parecido. Compañer@s, no se trata de desregular sino de regular mejor y con la máxima transparencia. 

martes, 2 de enero de 2018

Se equivocó la Paloma, se equivocaba

    Creyó que tu falda era tu blusa, que tu corazón su casa. Hemos traído el poema de Alberti a raíz de una sorprendente noticia denunciada en las redes sociales (aquí y aquí). Ha tenido lugar en un barrio de Bristol (UK) donde han instalado en las ramas de los árboles un sistema antiposamiento de avifauna urbana basado en pinchos (recuerdan a las trincheras de la II guerra mundial), que impide la estancia de los pájaros. Al parecer, el objetivo es que las aves no descansen en los árboles para evitar que sus heces dañen los vehículos de la vía pública aparcados bajo los árboles. Esos sistemas de control de aves comenzaron instalándose en bienes del patrimonio histórico-artístico (monumentos, museos, edificaciones singulares) e infraestructuras sensibles (ej. aljibes) para evitar la nidificación y los daños ocasionados por la deposición de heces (hongos y bacterias) y acumulación de suciedad (alimentos, plumas, restos vegetales...).

Sistema de pinchos para ahuyentar aves instalados en árboles de Bristol (UK)

 Actualmente su utilización se ha extendido a edificios públicos y comunidades de vecinos donde las palomas les suponen un foco de suciedad. Sin embargo, lo llamativo de la noticia es que ofrece una nueva perspectiva con múltiples lecturas, siendo destacable el como los humanos les estamos haciendo la vida imposible hasta a los pájaros. Pensarán...que se vayan a cagar a otra parte (la imaginación al poder). Esto no va de un discurso pro-animalistas.
   Vaya por delante que defendemos el control racional de las poblaciones de palomas y otras aves (estorninos, cotorra argentina, urracas, tordos...), siempre desde criterios científico-técnicos solventes, con soluciones cívicas que hagan compatible la vida de los animales con las personas. Hay ciudades españolas (Barcelona) y europeas (Ginebra) que llevan años trabajando seriamente en este asunto, aportando importantes contribuciones a la literatura científica. Lo que es inadmisible es la mercantilización de los servicios de control de aves, sin programas sanitarios específicos, buscando hacer negocio sin escrúpulos y para ello, maleducando a la ciudadanía sobre el impacto real en la salud pública. Para eso están los registros de vigilancia epidemiológica, donde en los últimos 30 años se han documentado casos aislados de reacciones alérgicas (alveolitis) en humanos por ácaros y picaduras por garrapatas (Argas reflexus) ectoparásitas de las palomas, pero eso es inusual. No se puede elevar a la categoría de amenaza para la salud pública. No estamos en peligro por su presencia.  Pese a que las aves pueden contribuir a la distribución y transmisión de infecciones, es insuficiente la mera presencia de microorganismos o ectoparásitos para que los humanos desarrollen una enfermedad. El criterio de intervención (y de gestión presupuestaria) no se basa en posibilidades remotas. Recordemos los eslabones de la cadena epidemiológica, donde están involucrados diversos factores como la puerta de entrada-salida del agente causal, susceptibilidad del huésped, ciclo vital del patógeno, mecanismos de transmisión o el reservorio del agente. Sin duda, la presencia de heces de las palomas, requiere actuaciones de saneamiento, pero sin alarmismos, igual que con las cacas de otros animales domésticos que algunos vecinos nos regalan cada día a la salida del portal (supuestamente, amantes de los animales).   En una investigación que publicamos sobre el sector de control de plagas, identificamos el uso de publicidad sensacionalista, donde se equiparaban las palomas a ratas voladoras, con tal de infundir su repulsión y el temor entre los potenciales clientes. 
   Hace la friolera de 10 años que elaboré un informe para hacer una valoración sanitaria de un programa de control de palomas urbanas propuesto por un famoso Ayuntamiento de la provincia de Málaga y quedé atónito por su falta de profesionalidad. Cuatro folios no numerados, sin información gráfica ni estadística, sin visado profesional de entidades público-privada...Las carencias no se limitaban a lo formal, sino que se extendían al fondo: poblaciones sin cuantificar por áreas de anidamiento, descanso y fuentes de alimentación, sin identificar el origen ambiental, sin evaluar el riesgo con metodologías apropiadas, sin planificación de capturas, estado zoosanitario de los ejemplares, prioridades de actuación, etc.  Se obviaban tanto la Ecología como la Biología de las especies. Nada de sistemas contraceptivos para el control poblacional. Tampoco contemplaban donaciones a sociedades de colombofilia, refugios, asociaciones de defensa de animales, ni su cesión a otros municipios demandantes de estas especies. En resumen, estimaban que existía una población "elevada"(sic) de palomas, que pretendían capturar con el fin último de sacrificarlas. Y lo llamaron, programa. Una falta de sensibilidad escalofriante. Parece que Torrente le dio el visto bueno. 

El sistema de pinchos a veces provoca la muerte de la paloma por atrapamiento

   La presencia de palomas (torcaces, zuritas, turcas, bravías...) y otras aves (gorriones, golondrinas, vencejos, lavanderas...) no constituye por sí misma una plaga dañina. Las palomas han convivido desde tiempos remotos en armonía con los seres humanos, y su presencia ha sido auspiciada por la propia ciudadanía, constituyendo un valor emocional, pacificador y lúdico para personas de todas las edades (desde la simple observación hasta la suelta de palomas, fotografía, pintura, mensajería...). Conseguimos extinguir a la paloma migratoria americana; para compensar el ruido humano los verderones y carboneros tiene que cantar más tiempo; algunas aves comunes (tórtolas) han sufrido un declive preocupante de su población hasta del 90% en las 2 últimas décadas, y cuesta verlas. Y si empezamos con Alberti, acabaremos este post con todo un himno nacional en nuestro querido México: "..si a tu ventana llega una paloma, trátala con cariño que es mi persona". A ver si se enteran en Bristol, en Londres (donde los gorriones ya hicieron el Brexit) y en España, también.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Lo ambiental como pretexto

   Todos estamos expuestos a factores ambientales que condicionan nuestra salud. Los gobiernos aprueban leyes y reglamentos para proteger la seguridad y salud de la población frente a riesgos ambientales. Cada departamento de la Administración pública tiene unas competencias diferenciadas. Por ejemplo, el Ministerio de Trabajo  es el competente en materia prevención de riesgos laborales. De manera que las condiciones ambientales en lugares de trabajo dentro de los edificios, es competencia de los servicios de prevención de riesgos laborales, y no del departamento de medio ambiente. Asimismo, el Ministerio de Medioambiente no regula los aspectos sanitarios de las instalaciones de los edificios, ni el Ministerio de Sanidad regula la calidad del medio ambiente atmosférico, sino que lo hace el primero. Así las cosas, los funcionarios del departamento de salud, se limitan a sus competencias, y no les corresponde valorar la adecuación de las normas de industria, de seguridad, de edificación, etc, porque no les son propias. Cada uno en lo suyo. Hasta aquí, todo parece obvio. 
   Dentro de la administración sanitaria, se localizan los servicios de sanidad ambiental, que igualmente se limitan al ámbito de competencias de su departamento de pertenencia, y por el mero hecho de portar la etiqueta "ambiental" no convierte a sus funcionarios en pluricompetentes, al contrario, deben abstenerse de asesorar en aspectos "no sanitarios", esto es, a los que no están vinculados orgánica y funcionalmente. Simplificando, la sanidad ambiental no se encarga de los efectos sobre el medio ambiente, sino de los efectos sobre la salud pública. El control del cumplimiento de las normas emanadas del Ministerio de Medioambiente (energía, calidad del aire interior, ruido, saneamiento, vertidos, etc) no incumben al de Sanidad, o sea, no son normas sanitarias. Si el servicio de salud ambiental no tiene entre su sector material de actuación, la vigilancia y control de la contaminación atmosférica, el consumo energético, ni la autorización de vertidos, será por algo. Cuestión aparte es que los titulares de una instalación deban dar cuenta del cumplimiento de todas las normas que le sean exigibles legalmente, procedan de un departamento u otro. Pero eso no hace que los técnicos de sanidad ambiental sean asesores en materia de las normas dictadas por las demás administraciones públicas, en su lugar se limitan a las sanitarias.
   Llegados a este punto, cabe preguntarse porqué hay quien no lo ve claro. O no quieren verlo, ni mirarlo. A mi juicio, el ahínco por enredar lo que es obvio, se debe a intereses variopintos. En unos casos, se quieren ahorrar costes de personal, instrumentalizando a profesionales con carrera acreditada para transformarlos en categorías burocráticas para usos múltiples o afines a los intereses de determinados directivos-políticos, en lugar de contratar al profesional competente o bien crear una nueva categoría laboral generalista. Y para ello, sibilinamente, empiezan a instalar impostadamente la expresión "el de medio ambiente". No vamos a entrar en el desdén con que se emplea. Pero sí proclamar, que un técnico de sanidad ambiental no es técnico de medio ambiente ni es técnico de  salud laboral, y no es que nos solivianten por tener que estar continuamente aclarando nuestra identidad, el trasfondo manipulador es lo preocupante. Más aún, en época de recortes, donde la imaginación de los dirigentes se torna gloriosa. Otras veces agrupan virtualmente a categorías funcionariales con distintos requisitos de acceso, retribuciones y funciones, bajo la denominación "los técnicos", pretendiendo dar a entender que todos hacemos de todo, y todos valemos para todo, olvidando que en la administración pública no está previsto que dos cuerpos diferentes de funcionarios desempeñen indistintamente las mismas funciones,y que cada uno tiene su propia denominación. 
   Con frecuencia, el uso grosero del lenguaje no se circunscribe a las categorías profesionales, también se manosean conceptos como "gestión ambiental", "prevención ambiental" "impacto ambiental" a base de brocha muy gorda. Y eso que, por ejemplo, la evaluación del impacto ambiental tienen un amplio desarrollo legislativo para salir de dudas sobre a quién y cómo se aplica. Incluso los planes de autoprotección los renombran como "de emergencias ambientales". Todo, menos llamar a las cosas por su nombre. Otro ejemplo, si la prevención de riesgos laborales cubre -entre otras- las condiciones ambientales de lugares de trabajo, hay quien le añade el correspondiente adjetivo y, tachín, tachán, ya tenemos nuevas competencias: "prevención ambiental de riesgos laborales", o más enrevesado aún, si la iso 14001 se refiere al "sistema de gestión ambiental", lo transformamos en "gestión sanitario ambiental"... y a comerse los mocos.  El término gestión como comodín y cajón de sastre para todo. Ni que decir tiene, el daño que provocan con todo este despropósito, en las carreras profesionales de los funcionarios honestos con sus convicciones, dejándolos expuestos a continuas confusiones y pérdida de identidad, teniendo que luchar por un espacio reconocible en los servicios públicos.

Lo que se sacan de la chistera no está consensuado

   El criterio economicista no es el único que se esconde detrás del lenguaje ramplón y de las medidas autoorganizativas (sin soporte legal) a la que nos quieren acostumbrar. Otras veces debemos dirigir la mirada hacia el mismísimo sector académico, que en su afán por acaparar y captar clientes, crean perfiles profesionales directamente en su oferta de titulaciones. Es comprensible que quieran vender su producto (formación posgrado) pero no debería ser a costa de inducir a la confusión de los futuribles profesionales. El problema viene luego, cuando cada profesional (ingeniero, higienista, prevencionista, técnico de salud, inspector,...) reivindica su competencia. 

                               Algunos profesionales deben despertar de su particular día de la marmota en Punxsutawney

   A mayor detalle, podemos identificar categorías de farmacéuticos realizando el mismo trabajo, que un técnico de grado medio de función administrativa. Todo un dislate. Paradójicamente, hay que decir que también hay profesionales que tienen el esfínter muy dócil, arrimándose al "poder" transitan con todo por tal de disfrutar de las prerrogativas de los encargos (abono de auditorías, destinos, complementos ad hoc,...) a costa de abandonar las funciones esenciales de su categoría profesional. Se sienten libremente capacitados para lo ajeno, y a los de arriba sólo les preocupan los papeles que respondan a sus objetivos, a los suyos. Pocas cosas quedan que sorprendan en el mundo laboral.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

¿Disminuyen los ahogamientos si se aprende a nadar?

   Algunos pensareis que el título de esta entrada parece una pregunta de perogrullo. Pero si además decimos que la Asociación Americana de Pediatría se opone a la natación infantil, ya el asunto empieza a ponerse extraño, pero no por ello menos cierto. No hay trampa ni cartón. Pasen, acomódense y lean. 
   En esta temporada de baño 2017 se han duplicado con respecto al anterior, los casos de muertes por ahogamiento en nuestro país (noticias aquí y aquí), hasta alcanzar cifras preocupantes que deberían movilizar a las administraciones competentes. Ya dedicamos una entrada del blog a este asunto, pero debido a su actualidad pensamos que es oportuno hacer algunas puntualizaciones.
   Todos entendemos que no se necesita evidencia para establecer que la capacidad de natación reduce el riesgo de ahogamiento y que cuanto antes sepa nadar un niño, es mejor para su seguridad. En cambio, no existen evidencias de que la enseñanza de la natación en un niño que aún no está desarrollado, sea una medida efectiva para reducir el riesgo de ahogamiento, sabiendo que no hay mejor medida preventiva que la supervisión de sus padres. Y es en este contexto donde hay que comprender la posición de los pediatras americanos, en el sentido de que recibir lecciones de natación puede propiciar un falso sentido de la seguridad en los niños, quienes nunca deben estar solos, sino que  deben ser vigilados siempre por adultos, al margen de sus habilidades para la natación. Es un tema que ha suscitado debates apasionantes, con réplicas y contraréplicas, a veces con mucha retranca. Recuperamos uno de  hace tiempo pero que sigue de actualidad: leer "La crítica a la práctica de la natación infantil es política, no científica". 
   Por otra parte, es esencial conocer los mecanismos causales del ahogamiento, para determinar si la víctima hubiera podido evitar ahogarse por el hecho de saber nadar. Seguro que en unos casos se podrían evitar las muertes por ahogamiento sabiendo nadar, pero en otros no, depende de numerosos factores: tipo de cuerpo de agua, edad, medidas de seguridad, estado de salud de la víctima, factores ambientales, etc. El perfil de las víctimas es diferente en función del cuerpo de agua (playa, embalse, piscina, bañera, ríos, lagos, etc). Pocos estudios emplean métodos rigurosos, y elevados niveles de evidencia, para evaluar el impacto de las intervenciones diseñadas para reducir los ahogamientos. La única medida pasiva reconocida como evidencia de que ayuda a reducir el riesgo de ahogamiento son las barreras de protección, que en España se establecieron como obligatorias en el código técnico de la edificación (SU6) para los vasos infantiles. En realidad hay que conocer los nexos causales, para determinar si saber nadar lo hubiera evitado, y esa es una tarea sumamente compleja en muchos casos.

Imagen. Un golpe por un salto peligroso puede preceder a un ahogamiento

   En otros debates (¿Pueden prevenirse los ahogamientos en las piscinas?), se señalaba que se ponía demasiada fe en las barreras de protección en piscinas como medida preventiva, pues la instalación de barreras inespecíficas  y en determinadas condiciones de funcionamiento, no ofrecen garantías para resolver el problema de los ahogamientos. El grado de protección de la barrera depende de que no sea escalable por los niños (ya sea por las características de su diseño como controlando elementos auxiliares), de una altura apropiada, de que la puerta de acceso esté dotada de cierre y bloqueo y además exista un control de acceso. Se han descrito ahogamientos infantiles donde la puerta de la barrera se encontraba abierta sin vigilancia, por un descuido de los padres a su cargo, adolescentes bajo los efectos del alcohol que fueron capaces de trepar el vallado de la piscina, etc.

Imagen. Un mala práctica recreativa ocasiona accidentes a los bañistas

   En síntesis, todas las medidas preventivas se quedan cortas para combatir los ahogamientos. En el caso de las piscinas, disponemos de reglamentos que contienen requisitos de las instalaciones y servicios, que deben hacerse efectivos, pues el problema no debe reducirse a una vigilancia eficaz, los bañistas también deben colaborar, es una tarea de todos.

lunes, 9 de octubre de 2017

Cómo cumplir objetivos y no morir en el intento

   Conocemos los resultados de la evaluación de objetivos laborales y las correspondientes retribuciones. Ahora toca período de reflexión contenida, y comenzaremos con el pertinente tirón de orejas a nuestros directivos, principales beneficiados del sistema y responsables del desaguisado en que han convertido el pago por objetivos. Aquellos que ponen objetivos defectuosos y a veces imposibles, para luego decirte "búscate la vida". Y por mucho que les razones, a lo sumo te sueltan displicentes lo de, "esto es lo que hay". Y tú, en un intento de responsabilidad, le recuerdas que están en juego tus ingresos familiares y que lo único que buscas es tener alguna certeza de que con tu trabajo y los medios a tu alcance, se pueden cumplir los objetivos. Nanai del peluquín. 


Bill Murray en los "fantasmas atacan al jefe" (Scrooged), con la de la navidad del presente,
quien le comenta con un tironcito de oreja: "A veces la verdad es dolorosa, Frank"

   La verdad dolorosa es que se fijan objetivos pero sin explicar el cómo y qué hay que hacer para cumplirlos, sin concretar los medios y recursos necesarios, sin definir lo que corresponde a cada uno en caso de objetivos de equipo, sin posibilitar arbitrajes, que la actividad sea acorde a tu identidad profesional, conocer criterios de valoración, previsión de incidencias, etc. Ante todas estas carencias, parece que un poder oculto obliga a poner objetivos sin ton ni son, incluso a sabiendas de que todas las actividades laborales no son susceptibles de ser traducidas a objetivos cuantificables. Y al poner en marcha esa maquinaria defectuosa, que sabemos no es perfecta pero muy agujereada, es cuando aflora la picaresca, los favores, los corporativismos..., la condición humana en su máximo esplendor con tal de hacer "cash", aunque sea machacando a otro. Esto me hace recordar un comentario del gran Saramago, en nuestro paso por la Casa dos Bicos en la Alfama Lisboeta: "ni piensan, ni actúan, ni arriesgan...no tiene ni puta idea del mundo en que vive". Se refería a la izquierda política.
   Cada vez son más abundantes las voces documentadas que cuestionan este sistema de pago por desempeño (basado en ideas neoliberales) instaurado en los servicios públicos de salud, que critican comportamientos deshonestos de reprochable ética profesional, e incluso, la instauración de superclases profesionales que se benefician de este sistema (os dejó un enlace a un artículo breve del New York Times titulado "How Medical Care Is Being Corrupted" junto a dos papers aquí y aquí). 
   Algunos sindicatos de trabajadores han hecho comparativas de la productividad promedio entre categorías laborales dispares (ej. celador/médico) y las diferencias retributivas son millonarias (entiéndase, de las antiguas pesetas), que siendo realmente desproporcionadas, sobre todo son humillantes (hacen sentirse inferior a cualquiera). Otro estirón de orejas, esta vez para los que negociaron este sistema retributivo, de parte de los sindicatos (por si no lo sabían, algunos reconvertidos del sindicato vertical). El caso es que hay quien entiende que el rendimiento se mide cumpliendo objetivos. Todo un disfraz diabólico. (Recordemos que la productividad se abona por rendimiento en el trabajo y no por firmar objetivos). A veces se cae en la desconsideración, de manera que tu trabajo se valora con un: "vale, lo has trabajado, pero eso para qué sirve" (surrealista, si se tiene en cuenta que el trabajo no se inventa, sino que lo decide la Administración).  Con ello, estoy avanzando que el respeto, el lenguaje profesional y las justificaciones del evaluador brillan por su ausencia, donde generalmente el cumplimiento de objetivos es valorado por alguien que es ajeno a tus lides, y apenas se interesa en saber las dificultades y motivos del trabajo desempeñado. Otras veces te ponen objetivos que requieren potestad ejecutiva pero sin habilitarte autoritas. Y para más inri, el mismo objetivo se pondera de distinto modo en función del servicio al que pertenezcas. En fin, pura arbitrariedad al son de un vals versallesco. Y la pregunta que nos hacemos es ¿Se hubieran comportado igual los directivos si el sistema de evaluación fuese el 360º? Sí, ese por el que el trabajador evaluado también puede evaluar e influir en lo que cobra su jefe. El sistema existe, es equilibrado, pero a eso no jugamos. 

Dos afortunados celebran el pago por desempeño 

   A nosotros nos resulta sospechosa la manipulación informativa que gira en torno al debate sobre "hay que pagar más al que trabaja más y mejor". ¿Y cuáles son las garantías de que eso sea así? Ya me diréis si eso funciona en un ambiente clientelar. El eslogan es resultón, pero curiosamente, nunca sacan a la luz los mecanismos de control y el papel que realizan los evaluadores y lo directivos, que por cierto, siempre salen ganando (como la banca). En alguna ocasión, leí que un partido político criticaba (sólo quedó en eso) que los directivos y mandos intermedios, infalibles, siempre cumplían los objetivos, situándose en un nivel que nunca bajaba del 90%. Los que fallan son los trabajadores. Vamos... ni un año malo, ni un bajoncito, ni una mala racha. Eso no lo supera ni el mismísimo Samaniego (sí, el de las fábulas). Parafraseando a Javier Krahe, en lugar de recetarnos ajo(erse), agua(ntarse) y resina(rse), los dirigentes sindicales podrían hacer algo más para reconducir esta situación. Por nuestra parte, seguiremos subsistiendo con paciencia de santo y aguante de boxeador, trabajando en lo que nos dejen hacer y lo mejor que podamos,  tomándonos este asunto con alguna pizca de humor.